Este artículo data de octubre de 2004.

Génesis, dos.

Llevo mucho tiempo callado, sin escribir. Lo cierto es que me cuesta bastante centrarme. Creo que, después de reflexionar y analizarlo muy detenidamente el once de marzo supuso para mí un impacto muy importante. Desconozco el motivo, recuerdo que lo pasé muy mal aquellos días y que después de entonces no volví a publicar nada de importancia, a excepción de algún ensayo político fruto de mi enfado y de mi frustración por la situación.

A día de hoy, abogo por retomar las cosas donde las dejé. Volver a entrenar la masa encefálica por que me frustra enormemente sentirme nihilista. Pertenecer a la masa de la que siempre he renegado. No por que mis costumbres hayan cambiado, en absoluto. Tal vez haya dedicado mucho tiempo al estudio que es lo que debo hacer, puesto que es en último caso el motivo que tengo todos los días para levantarme: aprender y estudiar lo que quiero. Lo que me gusta.

Sin embargo, creo que debo volver a escribir. Que mi voz sea escuchada, que mis letras permanezcan para que después, pueda tener un fiel testigo de lo que fue y de lo que no fue. Es realmente extraño verme aquí, escribiendo estas líneas, puesto que me ha costado una auténtica barbaridad abrir el bloc de notas y empezar a escribir algo medianamente coherente. Por eso me extraña, por que algo ha cambiado. Sí, debe ser eso. Algo ha cambiado en este último año. Tal vez más de lo que debiera, o más de lo que quisiera, pero la evidencia habla por sí sola.

Es difícil constatar en tan pocas líneas lo que sucede, lo que se pasa por la cabeza de uno en tanto tiempo. Vivir inmerso en una sociedad en la cual se te enmarca y se te presuponen ciertas actitudes y aptitudes por tener veinte años es algo que me repugna. Por supuesto, no es nada nuevo. Verme inmerso en conversaciones, actitudes, reproches, comentarios todos y cada uno de ellos con la superficialidad como común denominador es algo que me repugna enormemente, y tal vez por eso desde hace años he buscado la huída en foros de internet donde encuentro gente afín a mis ideas, a mis aficiones y a mis conocimientos.

A veces pienso que debí haberme entregado al servilismo y a la superficialidad que el rictus actual nos ofrece en bandeja, como una especie de imposición que a regañadientes tenemos que aceptar, pero creo que esa decisión la tomé de forma inconsciente. No digo que reniegue de mi perspectiva de las cosas, pero en ocasiones la ignorancia hace las cosas más sencillas. Tal vez por que la carencia de perspectiva, la inconsciencia, la incultura nos hace sentir que nuestra libertad es mayor, simplemente por que desconociendo todo aquello que nos rodea podemos dejar dormir a nuestros miedos, y evitar la angustia. Pero eso no nos hace más libres, y quizás por eso me alegro de no haberlo hecho.

Uno no espera vivir en un estado de trascendencia absoluta, de superioridad con la finalidad de autoalimentar nuestro propio ego, por contra de lo que pudiera parecer. Precisamente, es todo lo contrario. Tratar de ser mas libres, de utilizar nuestra capacidad, de aprender nuestra historia y nuestra cultura para poder tener un margen más amplio en nuestras decisiones. Ser consciente de nuestra sociedad actual y de sus problemas, sus ventajas y sus defectos. No creo que haya que ser superior a nadie para darse cuenta de que algo falla, mientras todo el mundo calla como cómplice de un gran crimen que está a punto de acontecer, como una novela de García Márquez que me arrepiento, y sin que sirva de precedente, de haberla leído.

Después de todo, parece que nos hemos estancado. Seguimos viviendo día tras día anclados en la rutina, en el costumbrismo de nuestra fútil existencia. Siendo vagamente conscientes en ocasiones del autoengaño al que nos vemos sometidos por nuestra propia voluntad, y no hacemos nada por evitarlo. Yo el primero. Somos unos necios, desde luego. Como decía, me estoy volviendo algo nihilista, y por más que me fastidie, no logro reaccionar de otra forma ante lo que se nos avecina, que es ni más ni menos la consecuencia de nuestra decisión.

Y volviendo al tema principal, estaba hablando sobre mi persona. Desconozco el motivo por el cual abrí este documento en este día. Llevaba una semana queriendo escribir algo, no anclarme en la vagancia y obligarme a decir algo, y después de un rato veo que para algo ha servido el intento, aunque no tenga demasiada coherencia. Podría decirse que es una especie de Jazz.

Soy consciente en todo momento que ciertas maneras de ser, como la mía propia, son objeto de risa por parte de algunos que se lo toman todo a pitorreo, o que utilizan a los demás como medio para evitar que los demás le juzguen a él. Miles y miles de personas encajan en este perfil, los listillos de turno que alimentan su ego a costa de los demás. Valiente estupidez, para variar. Otra de las cosas para la lista de no ser: gilipollas. Sí, aún a riesgo de ser tomado como un loco. Más vale estar loco, que ser gilipollas. Debe ser realmente increíble. Un día cualquiera vas, te despiertas, y eres gilipollas. O no, ¿se nace, o se hace? Yo creo que es un poco de todo. Por supuesto aquellos a quienes va dirigida esta crítica no lo captarán ni se darán por aludidos por que inconscientemente quizá, se niegan a reconocerlo.

No creo que sea tan difícil. No me considero especialmente inteligente, pero sí una persona culta, y con la suficiente capacidad de raciocinio para poder analizar el esperpento en el que vivimos a diario todos y cada uno de nosotros. Seamos o no partícipes en nuestro mundo real. Tal vez lo que más me gusta de Matrix© es que refleja a la perfección el mundo en el que vivimos, solo que para nuestra desgracia no podemos despertarnos de repente en un tupperware® lleno de moco naranja con cables metidos por el culo. Tenemos que conformarnos con nuestra existencia, es lo que hay y hay que aceptarlo.

Creo que por el momento, esto es todo. No voy a consentir que pasen otros seis meses hasta que vuelva a escribir un artículo nuevamente. Después de todo, esto pensaba ser una pequeña nota pero se ha ido agrandando hasta que al final ha dado como resultado un cúmulo de palabras lo suficientemente extenso como para ocupar el solito un documento aparte. Espero que os hayáis divertido tanto como yo al escribirlo. En realidad no, pero queda bien decirlo.

Bienvenidos a la nueva era. (Oh, cielos, me encanta decir mariconadas rimbombantes como esa, ¿será que me estoy volviendo débil?)

— © 2004 Miguel Rodríguez Lago, webmaster —

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