CorrÃan los años 50 del siglo XX. En el contexto de la FÃsica Moderna ya hacÃa un par de décadas de la ecuación de Schrödinger, de los trabajos de Dirac, Bohr, y se empezaba a comprobar como no todo era tan fácil como aplicar el paradigma desarrollado en aquellos primeros años de la mecánica cuántica.
Un paso natural tras desarrollar la ecuación de Schrödinger fue aplicarla al modelo atómico. El caso más simple de todos ellos es el átomo hidrogenoide. Es decir, un núcleo y un electrón supuestos ambos puntuales y de tal manera que el centro de masas del sistema está en el núcleo. Por supuesto, se desprecia la interacción gravitatoria y lo único que se toma en cuenta es el potencial electrostático: es decir, la interacción debida a que el núcleo y el electrón tienen una carga eléctrica. Este tipo de potencial decae inversamente con la distancia. Es más fuerte cuanto más cerca están y depende de la carga eléctrica de ambos.
Resolver este modelo atómico nos conduce a un modelo que, como primera aproximación, nos sirve para entender la estructura atómica. De hecho, una manera habitual de proceder es mejorar este modelo añadiendo términos que cada vez añaden más información relativa al modelo: se va enriqueciendo y cada término lo acerca más a la realidad a costa de perder la posibilidad de resolverlo analÃticamente (es decir, sin hacer uso de ordenador). Por ejemplo, suponer que los electrones interactúan entre sÃ, tener en cuenta que el espÃn también interacciona y se acopla (estructura fina) suponer que los núcleos tienen una forma y no son puntuales (estructura hiperfina).
Si nuestro modelo es bueno, cada término que añadamos será en orden de magnitud menos importante que los anteriores o, por lo menos, de menor orden de magnitud que la aportación principal que es el modelo hidrogenoide. Asà lo que haremos serán correcciones al modelo de capas que se irán ajustando cada vez más al espectro atómico que observamos.
Al final lo que tendremos será una función de onda (una expresión matemática que representa el estado cuántico de los electrones) y un valor de energÃa asociado a esta. Cuando hay más de un estado para un mismo valor de energÃa se dice que dicho estado se encuentra degenerado. El estado más bajo de energÃa posible en un átomo se conoce como estado fundamental y los otros estados con energÃa mayor se conocen como estados excitados.
Los electrones, debido a que cumplen el Principio de Exclusión de Pauli no pueden compartir un mismo estado cuántico. AsÃ, desde el estado fundamental se irán llenando según los distintos estados disponibles, uno a uno hasta el número total de electrones que admite cada estado en concreto. Esta representación se conoce como configuración electrónica.
AsÃ, en el átomo hidrogenoide el nivel más bajo de energÃa al que puede ir un electrón se llama ““. El número “1″ se conoce como número cuántico principal y nos dice el número de capa en el que se encuentra. La “s” corresponde al número cuántico de momento angular. Corresponde al valor “0″ pero por razones históricas los espectroscopistas llamaron a los valores l = 0 s (de sharp), l=1 p (de principal), l=2 d (de diffuse), l=3 (f de fundamental) y a partir de l=4 se siguen las reglas del alfabeto por la forma que tenÃan las lÃneas del espectro. En total hacen falta 4 números para indicar el estado completo de un electrón.
El primer electrón irá al el segundo irá al
. No comparten el mismo estado porque aún pueden variar los otros dos números cuánticos de los que no he hablado: los que involucran al espÃn del electrón. Posteriormente viene la ocupación de la capa “
” ya que el “
” tiene mayor energÃa. En un estado de tipo “
” caben hasta 6 electrones. Esto es debido a que tienen distinta orientación espacial, como vemos en la siguiente imagen:

La zona amarilla tiene un 99% de probabilidades de albergar un electrón. La energÃa del átomo hidrogenoide depende únicamente del número cuántico principal. Esto nos indica que, en un átomo de hidrógeno es esperable que el estado “” y el estado “
” tengan la misma energÃa. En los años 50 se descubrió que no era asÃ. De hecho, la energÃa del estado “
” es ligeramente mayor que la del “
” aunque para poder verlo hay que irse hasta la sexta cifra significativa ya que la corrección es pequeñÃsima. Y aunque es muy pequeña, se vió y se midió y aunque parezca un hallazgo inocente lo cierto es que puso en jaque a toda la fÃsica atómica en aquel momento. Este efecto se conoce como efecto Lamb o Lamb shift. Este efecto consiguió que hubiera que replantearse conceptos fundamentales y llevó a fundar la electrodinámica cuántica. Aparecieron las fluctuaciones cuánticas del vacÃo.
Ocurre con mucha frecuencia que las cosas más insignificantes provocan auténticas revoluciones, y esta fue una de las más grandes de la fÃsica del siglo XX. En la primera parte del siglo XX la mecánica cuántica hablaba sobre partÃculas, estados, energÃas, y de pronto se vió la necesidad de que algo tan abstracto como un “campo” fuese modelado desde el punto de vista cuántico. La electrodinámica cuántica es la teorÃa cuántica del campo electromagnético.
Siempre que se desarrolla una teorÃa se exije respaldo experimental. La teorÃa hace predicciones que deben contrastarse con la realidad. Y esta teorÃa es hasta ahora la teorÃa fÃsica más precisa jamás desarrollada. Ha sido capaz de predecir magnitudes con 11 cifras de concordancia con la realidad. Y pueden parecer pocas pero, por comparar, únicamente conocemos 4 cifras para el valor de “G” la constante de gravitación universal, la más antigua conocida. Obviamente, también el valor del “salto Lamb” medido concuerda muy bien con la predicción teórica.
Por supuesto, su formulación no estuvo exenta de problemas como la renormalización. OcurrÃa que al aplicar teorÃa de perturbaciones los términos que aparecÃan se hacÃan cada vez más grandes en lugar de hacerse cada vez más pequeños. Esto obligó a rehacer los cálculos o, quizás, mirarlos desde otro punto de vista más adecuado.







Esta es otra de esas cosas que en el instituto explican como que “es asÔ. Cuando preguntaba porque el 2p iba delante del 2s, me decÃan “porque sÔ. Luego, unos años después, ya me di cuenta de que quien explicaba teorÃa atómica era un quÃmico y que desde luego no se iba a poner a explicar los entresijos la TeorÃa Cuántica de Campos. Y en el caso de que lo supiese (que no), no lo iba a hacer en medio de una jaurÃa de 30 y pico adolescentes desaforados. En fin.
Me ha sabido a poco esto, eh? CreÃa que ibas a contar algo más…
Es una entrada cortita para no aburrir sin pretensiones de meterse en berenjenales. Además, si ya lo cuento todo nadie volverÃa a por más xD
Siempre me recuerdas los viejos tiempos en la facultad.
Oye, lo de las 12 cifras decimales de concordancia de la QED con los experimentos ¿lo has contado aquÃ? Porque es para contarlo…
Si, está dicho
Aunque no querÃa tirarme 4 o 5 párrafos desviando el tema para explicar el factor giromagnético y el momento dipolar anómalo y esas cosas.
Muy bueno, justo lo que estoy estudiando.
Si, esto tambien me recuerda la facultad, pero era muy bien explicado, por ejemplo la determinaciòn de los elementos con sus nùmeros cuà nticos, sus estados de energìas y demà s, explicado por un quìmico que tenìa buen conocimientos de la cuà ntica. No podìa explicarnos los diagramas de Feymà nn porque me parece que a la fecha (estamos hablando de la dècada del 70) no se tenìa el conocimiento que hoy se tiene.