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Hace un año os contaba acerca de la construcción de un detector de neutrinos llamado IceCube situado en el corazón del polo Sur. Y es que la Antártida es un lugar excepcional para estudiar fenómenos astronómicos. Lo malo, claro está, son las condiciones extremas de temperatura y las inclemencias meteorológicas además del duro invierno.

Hubo un tiempo en el que las ciudades eran un buen sitio para observar el cielo. Pero a medida que éstas fueron creciendo aumentó la contaminación no solo la polución por gases sino la lumínica y también la térmica, haciendo que las condiciones para observar el cielo fueran cada vez peores llegando al punto de ser prácticamente imposible ver el cielo estrellado en muchas ciudades. E, incluso yéndose a sitios más apartados, la huella luminosa de las grandes ciudades impide ver el cielo adecuadamente.

Esto es lo que lleva a los científicos a instalar sus observatorios en los pocos lugares donde el cielo se mantiene “virgen”. Y estas condiciones requieren, además de una buena situación geográfica, estar en las condiciones adecuadas de temperatura y humedad (cuanto más seco mejor) ser un lugar elevado para evitar las aberraciones atmosféricas y tener la posibilidad de observar el mayor número de noches al año posible, en caso de telescopios nocturnos. Hay muy pocos emplazamientos en el mundo que reunan estas características.

Tal es el caso, por ejemplo, de Hawaii en pleno cinturón de fuego, que solo en el monte Mauna Kea hay un total de 12 telescopios. Y en la isla de la Palma, en las Islas Canarias en el pico Roque de los Muchachos (en la imagen) donde se encuentra el Observatorio Astrofísico del mismo nombre hay más de una decena de telescopios nocturnos y telescopios solares.

Fueron los astrónomos William Wales y William Bayly los dos primeros en ver el cielo antártico en 1772 cuando cruzaron el círculo polar, como parte de la tripulación del capitán Cook aunque sus instrumentos eran más para navegación que para la observación astronómica. Hubo que esperar al siglo XX, a que en los años 1912-14 se mandara la primera expedición científica a la Antártida y se encontrase un meteorito de un kilogramo para que comenzara a recibir interés astronómico. El almirante Peary que ya en 1909 había llevado con éxito la expedición al polo norte fue el primero en sugerir el interés astronómico que podría suscitar el continente helado del polo sur.

En la meseta antártica con elevaciones de más de 3000 metros existen bases permanentes donde se estudia el cielo. Tal es el caso de la estación Concordia franco-italiana situada en el llamado Domo C, que es el lugar considerado óptimo para estas observaciones.

La Antártida provee un entorno único para los astrónomos. Es el continente más alto, frío y seco. El aire frío, seco y estable sobre la meseta antártica además del hielo puro que compone el suelo, ofrece unas oportunidades excepcionales para la observación astronómica. Con elevaciones desde 1000 a 5000 metros, las cumbres de la meseta antártica proporcionan los cielos más oscuros y la atmósfera más transparente que en ningún otro lugar de la Tierra. Además, tan solo el 2% del continente se encuentra expuesto, en la costa. El resto yace enterrado bajo una espesa capa de hielo permanente que alcanza 4 km de espesor en la parte más gruesa (Domo A, en la imagen ).

La superficie de la Antártida por encima de los 3000 metros es equivalente a la de toda Australia. Con una temperatura media en invierno que alcanza los -60ºC (habiéndose medido -90ºC en la estación Vostok) y con unas precipitaciones que llegan a bajar de 100mm en algunos sitios, se trata del lugar más seco sobre la faz de la Tierr y además la delgada capa de aire que se encuentra por encima de la meseta antártica apenas tiene viento, con lo que la turbulencia es prácticamente inexistente.

Por este motivo un total de 9 estaciones realizan observaciones astronómicas en la Antártida y cada vez más hay más actividad astronómica en la meseta antártica: la estación del Polo Sur Amundsen- Scott, la estación Concordia en el Domo C, la estación Kunlun en el Domo A y la estación Fuji en el domo F, además de globos sonda de gran duración en la estación costera de McMurdo, estaciones comandadas por EEUU, Francia/Italia, China, Japón y EEUU respectivamente.

La astronomía en la Antártida incluye el espectro óptico, infrarrojo, ondas de terahertzios y de longitudes de onda inferiores al milímetro, mediciones de las anisotropías del fondo de microondas además de observaciones solares, astrofísica de altas energías sobre rayos cósmicos, rayos gamma y neutrinos… La Antártida es además la fuente más rica en meteoritos de nuestro planeta.

Hasta aquí, todo muy bien. La parte mala se la llevan los científicos, por supuesto, dado que la logística en el continente helado es muy muy difícil y determina lo que se puede hacer y lo que no. Sin infraestructuras preexistentes y sin capacidad de soporte adecuada hacer ciencia es imposible en esas condiciones. Y aunque es posible para algún aventurero encontrar rutas nuevas a través de las montañas transantárticas, lo cierto es que la época de los héroes de la Antártida pasó hace mucho. Los retos actuales son más bien construir equipamiento científico capaz de trabajar en esas condiciones tan distintas a las del laboratorio de fábrica.

Además de que las condiciones de vida en las bases no son precisamente lujosas: habitaciones compartidas, duchas de dos minutos dos veces por semana y además tener que aclimatarse a las condiciones de altura. Bueno, esto haría que cualquiera se sintiera incómodo. Pero además hay que sobreponerse al día y a la noche perpetuos en verano y en invierno que trastocan los ritmos circadianos.

Al menos no tienen que preocuparse por la comida o de ir a la compra. Todo eso ya viene preparado de antemano. Por cada científico que hay allí, tiene que haber 4 o 5 personas en el país de origen asegurándose de la logística y los suministros para que su estancia sea lo mejor posible.

En el verano antártico la base suele tener mucha gente. El espacio es limitado y muchas veces, requiere negociación. Los horarios de uso son el pan de cada día. El tiempo de ocio y las horas de asueto son normalmente absorbidas por el trabajo. En un ambiente de día perpetuo y con un aire tan seco conciliar el sueño puede ser muy difícil. Las personas están bajo un estrés permanente.

En invierno todavía es más duro (en la imagen, estación McMurdo). Seis meses de los cuales uno de ellos es crepúsculo. Cuando hay Luna, se puede ver sin dificultad en el hielo. Pero el frío es extremo y apenas se sale de la estación. Dado que los pasos a través de la nieve no son mantenidos van siendo sepultados bajo la nieve y la única compañía son los compañeros de la base, durante ocho largos meses. Y aunque esto pueda dar lugar a amistades, también puede llevar a enfrentamientos personales en un lugar en el que es imposible evitar a nadie. Muchos cuentan los días hasta el primer vuelo, cuando llegue la primavera.

Sin duda la Antártida es un lugar excepcional que parece otro mundo dentro del nuestro y curiosamente el mejor cielo del mundo se encuentra allí: el único sitio quizás que la humanidad no ha sido capaz de mancillar. Aún.

Referencias:

Astronomy in Antarctica (arXiv:1007.2225), Michael G. Burton.

Astronomía desde la Antártida, en Madridmasd.

Amateur astronomy attempts on the High Antarctic plateau.

International Astronomical Union Working Group for Encouraging the International Development of Antarctic Astronomy.

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  1. Extraño una mención a Chile como uno de los países con los mejores cielos del mundo, pero eso no quita que este sea un buen artículo.

    Saludos.

  2. Utopía Binaria dice:

    Los observatorios de Canarias, Hawaii y Chile tienen los mejores cielos del planeta porque se encuentran a gran altura (4000 m Hawaii y 2500 El Roque de los muchachos) y porque se encuentran a 30º de latitud. Alrededor de estos 30º de latitud se encuentra el punto de convergencia de las células convectivas de la atmósfera que traen aire frio y limpio desde los polos.

    Los vientos alisios de las Canarias que hicieron llegar a Colón a América es lo que hace que tengan un cielo ESTABLE, con pocas turbulencias, que es lo que se busca en los observatorios profesionales.

  3. Sin duda es muy sacrificada la tarea de los científicos que trabajan en las bases. Pero, la belleza de los paisajes los compensa de tanto aislamiento. Argentina tiene una base, que se llama Marambio, desde hace varias décadas.