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Puede que con lo revuelta que está la política últimamente, el descontento hacia el sistema bipartidista encarnado en movimientos como #nolesvotes y el interés social por que la cosa cambie pueda sonar atrevido hablar de la democracia adoptando un punto de vista tan pragmático como el que os voy a contar ahora, que está explicado en un interesante paper titulado Accidental Politicians: How Randomly Selected Legislators Can Improve Parliament Efficiency, Mar 2011, A. Puchino et al, (arXiv:1103.1224v1) y que han comentado en una anotación del blog de Technology Review.

No soy muy amante de las traducciones pero por esta vez me perdonaréis que haga una excepción, porque a veces la física aplicada a campos más “de letras” es también muy interesante, teniendo en cuenta además que los que publican el paper ganaron el premio IgNobel.  Como siempre, es una traducción libre.

Un pequeño número de legisladores elegidos al azar haría que el parlamento fuera más eficiente.

El sistema de gobierno democrático es uno de los triunfos de la civilización. Garantiza que nuestras sociedades promuevan el interés de la mayoría. Al menos, esa es la teoría.

En la práctica, existen numerosos ejemplos de sistemas democráticos que están envueltos en corrupción o paralizados por desacuerdos. Incluso en parlamentos que funcionan bien, a menudo se plantea la pregunta de cómo deberían trabajar para beneficiar realmente a la mayoría de la gente.

Hoy, Alessandro Pluchino et al en la Universitá di Catania en Italia afirman que existe un mejor camino. Han modelado el comportamiento de un parlamento bipartidista y examinado cómo se modifica el sistema si se introducen legisladores independientes al azar.

Su conclusión contraintuitiva es que los legisladores introducidos al azar siempre mejoran el rendimiento del parlamento y que es posible determinar un número óptimo de independientes para que el parlamento funcione de la mejor forma posible.

Comienzan con un análisis basado en un modelo de comportamiento humano introducido por el historiador economista Carlo Cipolla en 1976. Cipolla creía que las acciones individuales de cada uno pueden ser medidas en términos de los beneficios hacia sí mismos y en los beneficios hacia la sociedad que le rodea.

En tal caso, la gente es clasificada de forma natural en cuatro categorías, representadas en los cuatro cuadrantes del diagrama superior.

Las categorías son las siguientes:

gente inteligente cuyas acciones producen un beneficio neto tanto para ellos como para los demás. A ellos les pertenece el cuadrante superior derecho.

gente ingenua en el cuadrante superior izquierdo cuyas acciones producen un mal hacia ellos mismos pero un beneficio para el resto.

bandidos, cuyas acciones producen beneficios para ellos pero problemas para los otros, se encuentran en el cuadrante inferior derecho.

Y el resto es la gente idiota, que les toca el cuadrante inferior izquierdo y que sus acciones van en detrimento contra ellos mismos y contra el resto.

Pluchino et al han empleado esta clasificación para crear un agente -modelo basado en un parlamento bipartidista de 500 individuos . Los miembros de un partido todos caen en el interior de un círculo de cierto tamaño, centrado en un punto que representa el comportamiento promedio. Los independientes pueden estar en cualquier punto del diagrama y son introducidos al azar.

Cada miembro del parlamento puede hacer dos cosas: proponer y votar a favor o en contra de otras proposiciones.

La cuestión que Pluchino y otros han investigado es qué tal funciona un parlamento a medida que se aumenta el número de independientes. La medida de la mejora es el número de propuestas que son aprobadas multiplicado por el beneficio social promedio que cada una de ellas aporta.

Ejecutaron el modelo para varias distribuciones de poderes en el sistema bipartidista y encontraron que en cualquier caso, añadir legisladores al azar mejora el sistema.

Si esto que dice Pluchino suena familiar, es porque hemos hablado con él y sus compañeros antes en relación al Principio de Peter según el cual la incompetencia siempre se expande en las organizaciones grandes [N. del T: en realidad, como podéis leer en la Wikipedia, afirma que una persona es ascendida hasta que alcanza su máximo nivel de incompetencia. En contraposición tenemos el principio de Dilbert que afirma que los incompetentes tienden a ser ascendidos para minimizar el impacto en la producción].

En 2009 él y sus compañeros crearon un modelo que mostraba cómo promocionar gente de forma aleatoria siempre mejora la eficiencia en una organización. Estos chicos ganaron un merecedor premio IgNobel por aquel trabajo. Así que no debería sorprendernos que lo mismo ocurra para otras organizaciones como los parlamentos.

Resulta interesante que una selección al azar no es una nueva idea en la democracia. Por ejemplo, en la antigua democracia griega del siglo IV a.C, la elección por sorteo era una de las principales vías de elección de oficiales.

El resultado mostrado por Pluchino et al indica que podríamos mejorar si reintroducimos esta idea en las democracias modernas. Según afirman,

creemos que la introducción de modernos sistemas de elección al azar, redescubriendo la sabiduría de las democracias antiguas, podría traernos beneficios a las instituciones modernas.

¿Ha habido alguna vez un doble ganador de un IgNobel?

Ref: arxiv.org/abs/1103.1224: Accidental Politicians: How Randomly Selected Legislators Can Improve Parliament Efficiency.

¿Qué os parece? No creo que a nadie le sorprenda a estas alturas que el bipartidismo es un sistema poco eficiente. Parece que introducir sangre fresca, aunque sea al azar, produce beneficios para el sistema. ¿Te atreves?

Trackbacks/Pingbacks a esta entrada:
  1. Gustavo dice:

    No quisiera hablar por hablar (y espero que alguien pueda confirmar o refutar lo comparación que voy a realizar), pero supongo que el hecho de introducir elementos al azar y que eso sea beneficioso, está relacionado con lo que en Inteligencia Artificial se conoce como Algoritmos Genéticos.
    En dicho algoritmos, se unen dos individuos (simulando la evolución biológica) y se mezclan sus genes. Se determinan los mejores de cada uno (según un criterio determinado), y se arma un tercer individuo que sería mejor que sus padres. Si seguimos esto por mucho tiempo, lograríamos un individuo cada vez mejor.
    Sin embargo, esto llevaría a que los individuos tiendan a ser de una forma determinada sin poder probar con otras. Allí es donde se incluye el azar, agregando genes al azar para hacer que cada nuevo individuo tenga la posibilidad de encontrar una mejora que no tenia ninguno de sus padres.

    Espero que quede claro. Por las dudas, saqué algunas definiciones de Wikipedia: http://es.wikipedia.org/wiki/Algoritmo_genético

  2. DG dice:

    Kenneth Arrow, premio nobel de economía con el teorema de imposibilidad demostró que no existe una curva de utilidad social a.k.a. el criterio de “eficiencia” que usan no existe: no existe el bienestar social (social welfare). De todas formas es una lectura divertida.

  3. Heber Rizzo dice:

    En lo único que no estoy de acuerdo, es en que el concepto es contraintuitivo. Creo que la mayoría de nosotros ha expresado alguna vez una idea similar.

    Al fin y al cabo, los parlamentarios no son electos por su inteligencia, su educación y su honradez, sino por su capacidad de convencer (o de engañar simpaticamente). Y eso es en el mejor de los casos. En los sistemas de elección unipersonal por distrito se daría este “ideal”, pero en los casos de elecciones por listas partidarias, su único valor es, en general, la obsecuencia con el líder.

    Por otro lado, te diré que descubrí tu blog por casualidad (articulo sobre energía nuclear) y me ha parecido muy interesante. Lo seguiré en el futuro.

  4. Hernan Eche dice:

    Para nada contraintuitivo, es quizás incluso obvio, (por suerte hace años que estoy diciendo esto, pronto puedo decir tranquilo “te lo dije”!),
    Mi explicación es más sencilla, para que un político acceda al poder necesita un apoyo económico, auspiciantes monetarios que después van a pedir recompensa.

    La inclusión del azar es lo más justo que podemos hacer, una sociedad que quiera lograr alguna justicia, debe acercarse al azar, lo único justo por definición.

    En mi opinión el azar puede usarse para seleccionar a los candidatos, y después hacerse tranquilamente elecciones, sin afectar el espíritu de la democracia, pero sí afectando el espiritu de selección inicial.

    En lo profundo de la naturaleza está el azar, y de ahí la simetría de las leyes de la física, ¿nosotros nos creemos capaz de inventar algo superior?
    Mejor empezar a aceptar lo que somos

    Saludos